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La maquinaria y teclado del piano están construidos con madera, piezas metálicas y numerosos materiales orgánicos tales como pieles y fieltros variados.
El uso cotidiano del instrumento desajusta y desgasta todos estos materiales, de modo que conviene reajustar la maquinaria regularmente. Esto es lo que entendemos por regulación del mecanismo.
Un mecanismo bien regulado, responde bien y es cómodo de tocar. El movimiento de todas las piezas: la tecla, la báscula, el martillo y el apagador están bien equilibrados y su rendimiento es óptimo. El trabajo del pianista sobre el teclado es más agradable y permite una mejor interpretación.
Una buena maquinaria puede durar muchos años antes de que le convenga una sustitución de materiales. Mientras, conviene regularla periódicamente para mantener su dinámica.
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El martillo (o macillo) es la pieza del mecanismo que percute la cuerda. El sonido generado de esta percusión tiene una componente de ataque y otra de resonancia. La componente de resonancia la da el piano exclusivamente siendo la responsable la tabla de resonancia. Sobre esta componente del sonido del piano los afinadores no podemos intervenir; es la personalidad del piano. En cambio, en la componente del ataque sí que podemos trabajar, y mucho.
El ataque depende del martillo. El material del que esta hecho es lana prensada. Su calidad, dureza y forma son determinantes en la calidad del sonido en el ataque.
Se pueden obtener resultados espectaculares en el sonido del piano modificando tan solo la forma i la textura del martillo. La mayoría de pianos mejoran mucho su sonoridad con este trabajo. Con la armonización se puede conseguir que el piano tenga más "paleta" de sonidos, un sonido general más cálido y más pleno. Siempre es un trabajo gratificante y positivo. Solo los instrumentos de gran calidad vienen plenamente armonizados, la mayoría, salen de fábrica con un trabajo previo de armonización bastante superficial, de manera que vale la pena tenerlo en cuenta.
Como criterio de mantenimiento, un piano que se utiliza profesionalmente, le conviene un trabajo de armonización cada 4 ó 5 años de promedio.
En resumen: un buen mantenimiento del piano es siempre aconsejable. Un piano bien afinado, regulado y armonizado da un gran placer al intérprete.
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